Pedro Asensio

Celia Viñas

Reseña de Francisco Galera sobre LOS AÑOS DE LA SEÑORITA CELIA

CELIA VIÑAS DESDE LA PERSPECTIVA LITERARIA DE PEDRO ASENSIO

Francisco Galera, profesor titular de Lengua y Literatura de la UAL
Diario de Almería, 22 de abril de 2015

Los años de la señorita Celia, editorial Verbum, es una noFRANCISCO-GALERAvela de Pedro Asensio Romero que se lee de un tirón por su interés, su riqueza de datos, los nombres que aporta y, especialmente, por el retrato exacto de la Almería de aquellos años posteriores a la Guerra Civil. Muestra un profundo conocimiento de la realidad social, política y cultural de aquella ciudad.
Todo ello con un estilo sencillo, asequible para cualquier lector y, al mismo tiempo, con un lenguaje cuidado y perfectamente redactada. El autor ha sabido documentarse muy bien en todas las fuentes que podían aportarle una base sólida para esta historia novelada que gira, fundamentalmente, alrededor de los dos personajes, cuyo centenario de su nacimiento celebramos en 2015: Celia Viñas y Jesús de Perceval.
El autor ha novelado un periodo de la historia de Almería que en 1940 era un desierto cultural. En una ciudad tan relativamente pequeña (unos 75.000 habitantes) parecía fácil la existencia de una implacable censura de tipo moral, religioso, político y cultural. La propia Celia escribe: “Allá por el año 1943 el ambiente espiritual de Almería era, como en las novelas de aventuras, un paisaje de naufragio. El robinsonismo literario estaba tan acusado que creíamos vivir en una isla desierta”. Ante este panorama tan desolador surge de forma necesaria el Movimiento Indaliano. De tal manera que, en palabras de la propia Celia, “ahora, gracias a los indalianos, el ambiente de Almería es una atmósfera cálida, pero respirable, batida por las invisibles alas de los ángeles del Sur. Un pueblo donde tanto se discute de arte como de deporte. Una ciudad donde puede sentirse una inquietud colectiva ante una exposición pictórica, una conferencia de tipo literario, una representación teatral”.
Este movimiento se proyecta a lo largo y ancho del plano nacional a partir del espaldarazo que reciben en Madrid, en junio de 1947, especialmente por parte de Eugenio D’Ors, y con las intervenciones de Jesús de Perceval y Celia Viñas.
El autor de la novela recoge un claro perfil no solo de estos dos personajes, protagonistas del relato, sino de otros muchos relevantes de aquella época difícil y que ha sabido describir con tal detalle que su imagen nos viene a la memoria: Eugenio D’Ors, Hipólito Escolar, Manolo del Águila, Francisco Saiz, Luis Úbeda, etc. Igualmente, sus alumnos más destacados: Gómez Arcos, García Ferre, Cañadas, Anchóriz, Gaspar Cuenca, etc.
Es preciosa la descripción de los detalles de la infancia de Gómez Arcos en el capítulo diecinueve. Su pluma es como una cámara fotográfica. Sabe captar el “ojo clínico” de la profesora para descubrir talentos en su aula.
Otro aspecto que debemos valorar en esta novela es el recorrido por los lugares emblemáticos de la ciudad: Hotel Simón, Paseo, Casino, Círculo, Talleres Oliveros, nombres de tiendas, etc., aportando datos y detalles al entramado de la obra. También destacable es la relación amorosa de Celia y Arturo en varios de sus capítulos.
Desde estas líneas invito a leer la novela porque, desde una perspectiva literaria, nos da otra visión de la señorita Celia que completa la que yo recogí en Vida y obra de Celia Viñas, fruto de una tesis doctoral, en 1991. Y porque, en definitiva, esta obra dejará una huella en todos aquellos que se interesen por aquella Almería y sus protagonistas.

Jesús de Perceval y el photoshop

Perceval

Se celebra el Centenario del nacimiento del insigne artista almeriense Jesús de Perceval. Mi humilde aportación a esta efeméride será el próximo martes, 21 de mayo, cuando tendré el honor de participar en una charla que se celebrará en el Instituto Celia Viñas. Por cierto, también se cumplen cien años del nacimiento de Celia. Ambos personajes forman parte de la Historia de Almería por derecho propio, gracias a  su gran contribución al fomento del  panorama cultural de aquella  Almería de la posguerra.

La Diputación y el Ayuntamiento han editado un folleto en el que aparece una fotografía del genial indaliano. Resulta curioso comprobar  un hecho que casi pasa desapercibido: lo que en vida Perceval no pudo evitar, ahora, con la manipulación fotográfica, lo consigue. ¿Advierten la diferencia? Confieso que yo no me había percatado, hasta que su nieto, Jesús Ruz de Perceval, audazmente, me lo advirtió el otro día. Son las estrictas normas de la actual legislación antitabaco.

Próximamente me referiré a otra célebre manipulación fotográfica que protagonizaron Perceval y Carlos Pérez Siquier.

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Presentación de “Los años de la señorita Celia”

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Fausto Romero-Miura, Pedro Asensio y Jesús Ruz de Perceval, en la presentación de “Los años de la señorita Celia”.

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Presentación de “Los años de la señorita Celia” en el salón de Plenos del Ayuntamiento de Almería

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El pasado 20 de noviembre, en el marco de la Feria del Libro de Almería 2014, se presentó oficialmente mi tercera novela, Los años de la señorita Celia. El acto fue introducido por el abogado y escritor Fausto Romero-Miura y por Jesús Ruz de Perceval, también abogado y nieto del gran artista almeriense, Jesús de Perceval. El salón de Plenos del Ayuntamiento de Almería cosechó un lleno extraordinario. Muchos amigos, familiares,  lectores y seguidores de la inolvidable Celia y el Movimiento Indaliano tuvieron la gentileza de acompañarme esa tarde.

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Regreso a la Almería de Celia Viñas

Celia.LaVozLa Almería de los años 40 era una ciudad de 70.000 habitantes en la que el hambre y la infravivienda campaban a sus anchas. La Almería de los 40 era una capital marginada con altos índices de analfabetismo. Pero en esa misma Almería surgió el movimiento indaliano, la corriente artística más grande que ha dado esta tierra y que la situó en el mapa. Su irrupción propició un ambiente cultural en el que una mujer adelantada a su tiempo brilló con luz propia.

Con el objetivo de rescatar la figura de la maestra y poetisa, el escritor almeriense acaba de publicar esta historia novelada que presentará el próximo jueves 20 de noviembre a las 18.30 horas en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, en el marco de la Feria del Libro. A lo largo de las 292 páginas de la obra, el lector acompañará a Celia en sus pasos por “una ciudad de aire colonial con unas avenidas preciosas, en la que todavía no se había producido el desastre de los 60”. Pero la escritora no caminará ni mucho menos sola, sino que lo hará de la mano de Jesús de Perceval y el resto de indalianos, que juntos protagonizarán  las interminables tertulias en el Café Granja Balear. Celia Viñas llegó a Almería en 1943 como catedrática de Lengua y Literatura del Instituto de Bachillerato, ubicado en la actual Escuela de Artes. Tal y como narra Pedro Asensio en el libro ‘Los años de la señorita Celia’ (Verbum, 2014), lo que en principio parecía un destino temporal antes de regresar a Palma de Mallorca junto a su familia acabó convirtiéndose en el lugar en el que se quedaría a vivir para siempre. “Sus primeros años aquí fueron difíciles, pero con el tiempo acabó sintiéndose realizada como docente. Aunque no llegó a ser una literata muy reconocida (se presentó sin éxito a varios certámenes), la huella que dejó en tantos alumnos y su voluntad por hacer algo nuevo en la poesía merecen este reconocimiento”, reflexiona el autor.

“Para una ciudad tan provinciana fue una proeza lo de aquellos artistas. No en vano, al frente de ellos estaba un genio, Perceval, que si hubiese desarrollado su talento en otra ciudad hoy sería más reconocido. Él tuvo la oportunidad de irse a Madrid y hacer carrera, pero se quedó porque era un ‘almeriensista’ comprometido”, señala Pedro Asensio. A ojos del autor de ‘Los años de la señorita Celia’, hay que despojarse de prejuicios para comprender que en ese momento el régimen apoyó la vida cultural de Almería. “En esa época se creó la Biblioteca FranciscoVillaespesa, se reformó el Instituto de Bachillerato y se organizó el viaje de los indalianos a Madrid para exponer en el Museo Nacional de Arte Moderno”, indica.

Si bien esa apuesta por la cultura almeriense queda patente en el libro, en contrapartida también lo hace otra cara del franquismo, la censura. Los artistas que protagonizan la obra son analizados con lupa, en especial Celia Viñas. “Hay cartas de la juventud de Celia en las que se aprecian ideas de izquierdas, aunque finalmente, al igual que la mayoría de la gente que se quedó a vivir en España, tuvo un punto de pragmatismo y se adaptó a las circunstancias”, dice.

El novelista Agustín Gómez Arcos, el historietista Manuel García Ferré y el cineasta Leo Anchóriz, alumnos de especial sensibilidad de Viñas, desfilan asimismo por este volumen. “Si consultas las hemerotecas, te das cuenta de que en términos relativos la actividad cultural de los 40 era mayor que la de hoy”.

En 2015 se cumplen cien años del nacimiento de Celia Viñas y de Jesús de Perceval. Una doble efeméride que Pedro Asensio quiere aprovechar para reivindicar sus figuras a través de su libro ‘Los años de la señorita Celia’, que dará a conocer en Palma de Mallorca, tierra de la maestra. Asensio (Almería, 1967) es licenciado en Economía y Derecho y ha desempeñado diversos cargos en el sector público local. Ha publicado dos ensayos y ésta es su tercera novela.

Artículo de prensa de Marta Rodríguez (La Voz de Almería, 14 de noviembre de 2014)

Gaspar Cuenca, Gabriel Riba y Celia Viñas

Gabriel, Gaspar Cuenca y Pedro

Gabriel Riba, Gaspar Cuenca y Pedro Asensio

De todos los personajes que protagonizan  Los años de la señorita Celia, hay uno, solo uno, que se inspira en una persona que vive y afortunadamente se encuentra entre nosotros: Gaspar Cuenca. Todos los demás se fueron, aunque no han dejado de permanecer en nuestro recuerdo. Gaspar fue alumno y buen amigo de Celia Viñas. A él le debo importantes anécdotas y referencias que han permitido construir mi particular historia. El otro día estuve en su casa. Le leí un capítulo en el que aparecía un joven que se llamaba como él, y se emocionó. y no es para menos… Mi agradecimiento y recuerdo, también, a Gabriel Riba, sobrino de Celia Viñas, que actualmente se encuentra en Perú (¡Pedro, me caso!, me acaba de decir) y no podrá acompañarme en la presentación.

Muy pronto en librerías “Los años de la señorita Celia”

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Mi tercera novela “Los años de la señorita Celia” acaba de nacer. Me comenta el editor que en unos días, la distribuidora iniciará el posicionamiento en librerías.  A partir de ahora, la promoción será mi principal misión. La mejor técnica de marketing es la que diseña e impulsa el propio autor. Eso lo tengo claro desde hace mucho tiempo. Os dejo la reseña, para que os vayáis haciendo una idea.

Los años de la señorita Celia.

Editorial Verbum. 294 páginas

A principios de 1943, la poetisa Celia Viñas aprueba las oposiciones a catedrática de Literatura y emprende un largo viaje desde Palma de Mallorca, donde reside su familia, hasta Almería. Su llegada genera un gran impacto en el mundo académico y cultural de una ciudad estigmatizada por el sórdido y deprimido ambiente de posguerra. Desde el Instituto de Bachillerato, Celia comparte su amor por la literatura y despliega una transgresora pedagogía basada en múltiples actividades extraescolares: teatros, periódicos, programas de radio, excursiones… Allí coincidirá con alumnos de especial sensibilidad creativa, como Agustín Gómez Arcos, Manuel García Ferré, Luis Cañadas o Leopoldo Anchóriz, y colabora con un grupo de jóvenes pintores almerienses, liderado por Jesús de Perceval, fundador del Movimiento Indaliano.

Los años de la señorita Celia es una novela inspirada en hechos reales que narra con extraordinaria maestría los contrastes de una época difícil, cuando unos intrépidos artistas procuraban sobrevivir en un entorno intelectual enrarecido, mas ciertamente apasionante.

Memoria de la excursión al Marruecos Español

Rueda de Prensa

Acompañado por la delegada de Cultura de la Junta y la archivera provincial

Este miércoles, 7 de mayo, tuve la oportunidad de presentar en el Archivo Histórico Provincial el documento del mes. Esta iniciativa surge con el propósito de divulgar y fomentar el conocimiento de los fondos existentes en el Archivo, y consiste en mostrar a la opinión pública, de una forma abierta (y sin necesidad de solicitar el expediente concreto), algún documento que, dado su singularidad o importancia, ayude a conocer mejor algún periodo de la historia de Almería. A continuación transcribo un resumen de mi intervención

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excursión

Portada de la Memoria del alumno Dionisio Castillo

alumnosMarruecos

Estudiantes y profesores del Instituto de Bachillerato de Almería

La Memoria de la Excursión al Marruecos Español, escrita por Dionisio Castillo, un estudiante de bachillerato en julio de 1946, constituye un valiosísimo testimonio documental sobre una de las actividades extraacadémicas más singulares y sorprendentes desarrolladas por el Instituto de Almería, en aquellos difíciles y azarosos años cuarenta.  En efecto, si España se sobreponía a duras penas a las tremendas limitaciones de la posguerra, en Almería, la superación de las dificultades para subsistir eran aún mayores. La vida de una gran parte de la población almeriense estaba marcada por la miseria, el hambre y la desolación. Conviene recordar que tres años antes de la excursión, justo cuando el General Franco visitaba la provincia por primera vez, se aprobaba el Decreto de Adopción, un texto legal que reconocía la trágica singularidad de una de las ciudades más pobres y necesitadas de toda España.   En aquella Almería de 70.000 habitantes, era muy habitual que los niños y adolescentes que lograban finalizar los estudios en la escuela primaria se incorporaran, en calidad de aprendices, a un precario y mal remunerado mercado laboral; las chicas, por otra parte, se dedicaban a las faenas de su propio hogar o, todo lo más, como asistentes en otras viviendas o iniciándose como modistas en una academia de corte y confección. Para quienes decidían (y podían permitirse) seguir estudiando, Almería disponía de varios centros educativos, como el ya citado Instituto de Bachillerato, la Escuela de Artes y Oficios, algunos colegios religiosos (La Salle, Diocesano), la Escuela Normal de Magisterio y la Escuela de Comercio.   El Instituto de Bachillerato, único en toda la provincia, se ubicaba en el antiguo

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La expedición, antes de partir en autobús.

convento de los Dominicos (actual Escuela de Artes), anexo a la Patrona por entonces, una de tantas iglesias en proceso de restauración tras la devastación perpetrada por insurgentes bandas de milicianos, en el verano del 36. En el curso 1945-46, el centro contaba con 1.505 alumnos en sus siete cursos de bachillerato. Por sus aulas impartían clase personajes tan señalados en la historia de esta ciudad como la catedrática de Lengua y Literatura, Celia Viñas (jefa de estudios desde finales de 1944); el catedrático de Ciencias Naturales, Ignacio Cubillas; el director espiritual, posteriormente vicario de la diócesis, don Andrés Pérez Molina; o el director y catedrático de Matemáticas, don Francisco Sainz Sanz.   Organizar una expedición como la que se expone en esta memoria no debía de resultar una tarea sencilla para el claustro de profesores. Muy pocos eran los alumnos que podían permitirse el lujo de salir de viaje cuando a sus familias apenas les llegaba para comprar material escolar, calzarse unos zapatos o incluso cenar. Y aun disponiendo de recursos económicos, en aquel año 46, no todos los estudiantes podían inscribirse en esos viajes, conocidos como “Premio José Antonio” y cuya existencia se debe al gobernador Manuel García del Olmo, que los instauró conocasión de la feria del libro de 1944. Estas expediciones de fin de curso nacieron con el propósito de recompensar a los alumnos de 5º, 6º y 7º cuya nota media superara los nueve puntos. El Gobierno Civil colaboraba económicamente, a la vez que ayudaba a tramitar los permisos y visados, sobre todo en los casos como el que nos ocupa, donde los desplazamientos por el norte de Marruecos, en un territorio que, stricto sensu, no formaba parte del Estado Español, resultaban complejos de programar. El primer viaje de estudios, en 1944, se desarrolló por diferentes provincias de Andalucía; al año siguiente, se visitó Madrid y otras ciudades de Castilla, como Ávila, Salamanca y Toledo; en 1946, el Protectorado Español; en 1947, el Norte de España y en 1948, Levante y Baleares. A partir de ese curso, y durante dos años, se suspendieron los viajes por razones económicas. Sería precisamente Celia Viñas quien, con la inestimable ayuda del director, Francisco Sainz Sanz, lograría convencer al  gobernador de entonces, Urbina Carrera, para que esos viajes, subvencionados en parte por la Administración del Estado, se ampliaran a todo el alumnado, y no solo a quienes obtenían unas calificaciones excepcionales.   El viaje por el Protectorado Español no debió de ser fácil de planificar, insistimos en ello. Desde los despachos de la calle de Arapiles, los funcionarios contactaban con los Gobiernos Civiles
de las capitales por las que habría de pasar la expedición, con el propósito de facilitar las estancias, excursiones, entradas a lugares turísticos de interés y, con suerte, alguna que otra comida de carácter entre institucional y lúdico. En este viaje de 1946, la complejidad logística residía en obtener los visados por parte del Alto Comisariado, máximaautoridad administrativa del Protectorado Español. Recordemos que el régimen jurídico del Marruecos español se remonta al Real Decreto de 1913, por el que España asentaba una administración dual, compartida con la marroquí, al  frente de la cual existía un delegado del Sultán, el Jaliva, y el Alto Comisariado. La división territorial delceliaymadre Norte de Marruecos se estableció en cinco regiones cuyas capitales eran Larache, Tetuán, Xauen, Villa Alhucemas y Nador.   La expedición salió de Almería un lunes,  15 de julio, y llegó  a Málaga por la tarde, en un viaje de más de ocho horas, que transcurría por la sinuosa y angosta carretera de la costa Mediterránea. En la primera jornada, los estudiantes y profesores visitaron la Alcazaba y al día siguiente, la Finca de la Concepción y su jardín botánico, Gibralfaro, Torremolinos, la Catedral y el acuario. El miércoles, tras hacer una breve escala en Marbella y San Roque, llegaron a Algeciras, donde embarcaron en el navío Ciudad de Ceuta. La travesía duró hora y media. “El mar estaba tranquilo, Dios estaba con nosotros”, confesaba el alumno en su entrañable narración. Al llegar a Ceuta tomaron un tren que los condujo hasta Tetuán. “La Delegación de Cultura del Comisariado Español es una auténtica maravilla. El delegado de cultura era el coronel de Miguel, que nos atendió amablemente”. Aquí se constata que gran parte de la logística del viaje cuenta con el apoyo institucional que le prestan las autoridades gubernativas, fundamentalmente militares.  Desde la bella ciudad de Tetuán emprendieron cada día diversas excursiones a Larache, Arcila y Xauen. “Larache es un país bonito, su plaza de España, su entrada hermoseada con las flores de la achillea; el murmullo de las olas atlánticas la diferencia de las tierras orientales. El puerto está situado en la desembocadura del Lucus y es frecuentado por pequeños barcos”, describe con naturalidad y precisión el bachiller. En Xauen visitan una fábrica de alfombras y en Retama (Región de Alcazarquivir)  descubren un sanatorio africano donde veraneaban personas de diversas nacionalidades. En Villa Sanjurjo conocen la residencia del coronel Sánchez Pérez, otro de los anfitriones de la expedición. En la ciudadtetuán española de Melilla, última escala del viaje por el norte de África, recorren las minas del Rif y se acercan hasta la vecina Villa de Nador, donde almuerzan con el coronel Bocina en el Club Náutico. El 27 de julio, sábado, embarcan en el legendario Vicente Pujol para surcar el Mediterráneo y atracar en el puerto de Málaga. Desde esta ciudad iniciarán el viaje de regreso. El autobús llegará al Paseo de Almería dos semanas después, un domingo del caluroso verano de 1946.   El trabajo de este alumno, Dionisio Castillo, ofrece una presentación muy cuidada, con encuadernación de tapas duras o cartoné y escrita con una esmerada caligrafía. A lo largo de sus páginas se insertan fotografías que contribuyen a ilustrar los diferentes pasajes y jornadas de la expedición almeriense. Destaca el buen nivel de la redacción, correcto en la sintaxis y con un estilo cuidado y rico en detalles, lo que acredita el alto nivel académico de estos aventajados  alumnos de bachillerato.