Pedro Asensio

Encuentros

El otro día celebré en Murcia una comida con mis compañeros de la Facultad de Económicas y Empresariales. La emoción que genera este tipo de acontecimientos resulta directamente proporcional al tiempo transcurrido desde el último encuentro. Precisión propia de economistas, pensarán. Y como hacía bastante tiempo que no nos veíamos, la alegría fue enorme. Es emocionante comprobar que, a pesar de los años, se mantiene un imperecedero lazo de unión, una suerte de código secreto, un vínculo dotado de una WhatsApp Image 2017-02-24 at 19.17.28química especial que nos permite mantener una conversación fluida y confiada, sin que la distancia ni el tiempo hayan podido deteriorar ni un ápice la especial complicidad que pensábamos malograda. Si fray Luis de León, tras una larga estancia en la cárcel, reanudó sus clases con la célebre frase “como decíamos ayer”, los compañeros y amigos de facultad, por analogía, restablecemos el contacto, veinticinco años después, como si acabáramos de salir de un examen de Econometría cualquiera, e iniciáramos una apasionada charla mientras nos dirigimos a las tascas, dispuestos a celebrar (u olvidar). Pero no son los exámenes, ni las clases de Econometría, ni las ilusiones, ni las inquietudes juveniles, ni los acontecimientos diarios de entonces los que ahora prevalecen entre los temas tratados en estas citas cincuentañeras. Desde luego, en estos encuentros siempre habrá un momento dedicado a la nostalgia, a evocar sucesos divertidos, estrafalarios o dramáticos, a ejercitar la carcajada a mandíbula abierta, a remover el corazón mientras la memoria se adentra en un tiempo pasado que no era ni mejor ni peor; un tiempo entrañable pero remoto. Los temas de conversación se inician con una mínima actualización vital, como si pasáramos revista: profesión, familia, lugar de residencia, cónyuge, pareja, hijos, etcétera, para enseguida adentrarnos en aspectos emocionales donde no ha de faltar alguna que otra separación, alguna que otra aventura o confidencia, algún que otro conflicto laboral, alguna que otra enfermedad, algún que otro éxito, como también fracaso… Se percibe la madurez en la comunicación, un poso de sosiego y experiencia, menos brillo en los ojos, más luz en la cabeza, y espero que la misma intensidad en el corazón. ¿Y más cursilería? Bueno, eso también, al menos, por mi parte. Será cosa de la edad.