Pedro Asensio

DE PUERTAS ADENTRO

Todos los partidos desean alcanzar el poder, pero solo unos cuantos logran su objetivo. Una de las claves reside en el posicionamiento percibido por el electorado. Analicemos la reciente historia política de nuestro país. Primero fue UCD, que hasta en sus siglas llevaba la mágica definición: “Centro”. En aquella España que despertaba a la democracia, un tanto confundida por un batiburrillo de letras, partidos y coaliciones, el nombre de UCD, defendido por un líder apuesto, de perfil moderado y con excelentes dotes para la comunicación, fue decisivo para su éxito. A continuación llegó el PSOE, que se alejó de los extremos y renunció al marxismo para definirse como una joven y moderna organización socialdemócrata europea. Finalmente ocurrió con AP, que refundó el partido con otro nombre y otro líder. Ya no representaban a la derecha, sino al centro-derecha. Por lo demás, colocaron al fundador en su tierra natal, donde pudo seguir desempeñando su peculiar “ordeno y mando” durante algunos años más.

Con la victoria de Iglesias hoy en Vistalegre, no parece que el escoramiento hacia el centro sea la estrategia decidida por Podemos. Errejón representa el pragmatismo, la racionalidad, el análisis de la realidad y la superación de las limitaciones ideológicas utilizando la cabeza, aún a costa de sacrificar (o eclipsar) algunos de sus postulados ideológicos. Iglesias, por contra, es más nervio, más pasión, más víscera… ¡Más calle!, grita puño en alto. Ambos defienden un populismo neocomunista no exento de atractivo para un limitado sector de la sociedad. Atractivo, sí, pero limitado, también. Porque su bajo techo electoral se me antoja, al día de hoy, infranqueable. Creo que Errejón tiene más presente la realidad sociológica del país, y también creo que su estrategia era más acertada. Para hacerse una idea, basta echarle un vistazo a la pregunta número 10 del último barómetro del CIS. Con esa almagama ideológica, ¿dónde situamos a Podemos?

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Hoy domingo, en Vistalegre, ha ganado Iglesias, pero solo de puertas adentro. También creo que ha ganado el PP, y no solo por su Congreso, donde todo sigue igual para que todo mejore. En cuanto al PSOE, hasta hace poco alternativa de gobierno, pienso que la victoria de Iglesias le beneficia, porque refuerza una percepción radical y extrema de su principal adversario por la izquierda. No obstante,  el PSOE tendrá que superar aun otras batallas fraticidas (e ideológicas) mucho más complicadas que las vividas por los podemitas.