Pedro Asensio

literatura

Historia de una maestra

historiadeunamaestra_josefinaaldecoaElegir un buen libro entre tantas novedades es una tarea compleja. Por eso, de vez en cuando recurro al pasado, a esos clásicos que nunca nos van a defraudar. He terminado dos ensayos excepcionales, “Las armas y las letras”, de Andrés Trapiello, y “Usos amorosos de la postguerra española”, de Carmen Martín Gaite. ¡Sobresalientes! No sé qué se enseña en las Facultades de Humanidades, pero espero que estos dos libros sean de lectura obligatoria. Aunque, pensándolo bien, sería mejor que el alumno acudiera a estas obras sin obligación, solo por el hecho de atender a una buena recomendación. Ahora estoy saboreando una deliciosa novela de Josefina Aldecoa, “Historia de una maestra”. ¿Una breve opinión? Elegancia, sencillez, un estilo perfecto y un lenguaje terso, sin estridencias. ¿Qué más? Un argumento entrañable y emocionante basado en las vivencias de una joven maestra de escuela, desde 1923 hasta los años de la República. Con esta novela, si no te entran unos irrefrenables deseos de convertirte en profesor, al menos te ayudará a reconocer y valorar mejor el trabajo y la dedicación de los buenos maestros, máxime en aquellos tiempos de miseria y penurias. Os dejo, que me quedan pocas páginas. ¡Qué pena!

Alrevés

 Uno de los motivos por los que ha permanecido cerrado este blog (sí, lo sé, imperdonable) ha sido mi novela. Me he estado empleando tan a fondo en pulir, corregir, retocar, volver a leer… en fin, lo típico en estos casos, que mi bitácora pasó, no digo a un segundo plano, sino al más absoluto de los abandonos. También existen razones “académicas”, y es que me he empeñado en terminar Derecho, y eso, al menos en mi caso, requiere un esfuerzo tan absorbente, que poco tiempo he tenido para otras cosas. Pero ya estamos de vuelta. Por lo pronto, os diré que nos encontramos muy cerca de la publicación de Usura, que así se llama mi segunda novela. Será con la editorial Alrevés, una empresa que se nutre de  profesionales solventes, buenos conocedores del sector y con un trato exquisito hacia el autor. Estamos con el diseño de la portada, la sinopsis de la contraportada, más lecturas y correcciones… Han previsto la salida al mercado para la primera semana de junio.  En la cabecera de esta entrada, el lema de la editorial. Acertado, ¿verdad?

Mankell

No es bueno abusar de un autor, por eso he decidido descansar un poco de Murakami. Llevaba un ritmo muy intenso: Tokio Blues, Al sur de la frontera, al oeste del sol y  After Dark los he leído casi de un tirón. La literatura debe tomarse con moderación, de esta forma se aprecian mejor los matices. 

Esta mañana, después del café, me he pasado por la biblio (perdón, sala de lectura)  de Cabo de Gata. No hay mucha variedad, pero, en fin, siempre encuentras algo interesante. Ojalá existieran más centros municipales como este. Al final me he decantado por otro autor conocido y muy querido, típico de verano, sin muchas pretensiones, pero de  gran calidad, un maestro del género; me estoy refiriendo a Henning Mankell. En los próximos días, me sumergiré en las páginas de El Chino, a ver qué tal.

Ego y yo

Descartemos la carencia de autenticidad, es decir, aquellos fraudes que se producen cuando una tercera persona (una empresa) suplanta tu personalidad y escribe (mantiene) un blog en nombre de otro. Hecha la aclaración, me pregunto: ¿qué se esconde detrás de un diario digital como este? El Yo, que no el ego. En una ocasión leí un artículo de Andrés Trapiello que trataba sobre la literatura del yo. Sostenía este autor que el ego es un yo atrofiado, una exageración de la persona que acaso busca la supremacía. La exaltación del ego, en determinados casos, actúa como terapia del yo. Mi novela Un economista de letras se enmarcaría en ese género, el del yo, que no el ego, no porque esté escrita en primera persona, como muchos me advierten, sino por las inequívocas referencias a episodios autobiográficos. Un blog, y con este termino, representa un deseo más o menos acentuado de significarse; en otras circunstancias , la necesidad de escribir quedaría limitada a uno de esos cuadernos que atesoro en lugares recónditos de casa, desde luego, menos visibles que la red.

Certezas irreemplazables

Ayer sábado fui a desayunar a la cafetería de la plaza Altamira. Tardé muy poco en repasar la prensa local, así que decidí ojear uno de los suplementos dominicales que  por allí se encontraban. Me pareció muy interesante leer una entrevista a Juanes (Medellín, 1972). En un momento determinado decía “vivimos momentos irreemplazables”. Anoté la frase. Lo importante no era el contexto, sino la palabra en sí: “irreemplazables“. Más adelante afirmaba lo siguiente: “Con la edad sumas certezas y pierdes inocencia, aunque yo sigo siendo soñador”. Es lógico que, siendo artista, Juanes mantenga una naturaleza soñadora, lo que no tengo tan claro es que la madurez te suministre certezas. Cuando eres joven, tiendes a pensar que los esquemas del mundo son sencillos, concretos, te alineas con lo que te gusta, con lo correcto e incorrecto, con el bien y el mal, con lo verdadero y lo falso. A medida que pasan los años, empiezas a dudar y, si bien tienes un bagaje que te permite despejar lo accesorio, lo superficial, surgen cuestiones que antes no te planteabas. Uno es más sabio, y por tanto duda más en la vida. Por la tarde estuve leyendo El cuaderno gris, de Josep Pla. Me llamó la atención un pasaje que me gustaría compartir con vosotros (bueno, en realidad todo el libro está repleto de ideas dignas de subrayar). “Una de las diferencias más acusadas entre las conversaciones del Ampurdán y las de Barcelona -en igualdad social de interlocutores- es, por ejemplo, que estas últimas no se suelen mover del terreno empírico, del detalle, de los hechos aislados, de las anécdotas. En cambio, en el Ampurdán, siempre hay alguien que tiene la manía de trasladarlas del confuso e inextricable detalle, a un plano general, genérico.” Esto se relaciona con el sosiego, la vida quieta y contemplativa del campo, frente al apresuramiento de la ciudad. Pla atribuye los adjetivos “confuso” e “inextricable” a lo empírico, no a lo genérico. 

Algo que brilla como el mar

Os comento Algo que brilla como el mar, la segunda novela de Hiromi Kawakami. Esta escritora japonesa sigue fiel a su estilo, cadencioso y detallado, atentísima a la hora de recrear  episodios de aparente sencillez, casi nimios, experta en trazar personajes muy peculiares, ajenos a nuetra forma de ver las cosas,  difíciles de asimilar,  empeñada en recrearse en  diálogos muy bien descritos, apurados hasta en el más mínimo suspiro. Esto ya ocurría en El cielo es azul, la tierra blanca.  Quien busque una novela de argumento denso, una historia que le atrape, un desenlace trepidante, que se abstenga de leerla. Es un libro para saborear sin prisas, en momentos de sosiego. El lenguaje, el estilo narrativo, y no el fondo, es, a mi modo de ver, lo más destacable. Estaremos pendientes de otras novedades que vengan del país nipón. Su literatura (y no es oportunismo barato como consecuencia de  los graves acontecimientos que suceden ahora) es un buen antídoto para combatir la superficialidad  o el apresuramiento que nos amenaza. Por eso, os invito a que me aconsejéis algunos otros títulos de autores de aquella zona del pacífico, novelas de esas que uno  no debiera perderse. También estaré muy pendiente de las mesas de novedades, por si apareciera algo atractivo.

Curiosas repeticiones

El último premio Nadal 2011, convocado por la editorial Destino, lo ganó Alicia Giménez Barlett por su obra Donde nadie te encuentre. El premio Primavera, también de este año, otorgado por Espasa Calpe, ha sido para Raúl del Pozo, autor de  El reclamo. Ambas novelas tienen como trasfondo la guerra civil y la lucha de los maquis, si bien, el protagonista de esta segunda se ve obligado a emigrar a América del Sur, lugar donde se desarrolla parte de la trama. En cualquier caso, y a primera vista, parece que existen similitudes.  Lo curioso  es que las dos editoriales pertenecen al  Grupo Planeta. No sé si es una estrategia comercial bien calibrada, un error o una simple coincidencia. 
Me ha sorprendido.

Coincidencia

Ayer noche, terminaba de leer El cielo es azul, la tierra blanca, una novela que narra el incipiente amor entre Tsukiko, una mujer de 38 años, y su antiguo profesor de instituto, ya jubilado. He disfrutado mucho con esta obra de  Hiromi Kawakami, una consagrada autora japonesa a la que prometo seguir de cerca. Seguro que la gente de Acantilado, tan exquisitos en su fondo editorial, estarán muy pendientes. Poco después de cerrar el libro, retomé el diario  El Mundo por una hoja cualquiera y, de pronto,  me encontré con un artículo sobre María Kodama, la viuda de Jorge Luis Borges. A la pregunta de “qué le atraía de él”, respondió: “Su enorme sentido del humor, nunca sentí que fuera mayor que yo, como tampoco que estuviese ciego. A su lado me daba cuenta de que la edad es una cuestión de actitud, comprobaba que había personas de mi misma edad que eran auténticos muermos, todo el día lamentándose”.

Mario Camus y la literatura

Mario Camus recibirá el premio Goya de Honor 2011. De toda su extensa filmografía, me gustaría destacar el gran acierto obtenido cuando ha adaptado algunas de las más notables obras de nuestra literatura. La serie Fortunata y Jacinta, La Colmena y Los Santos Inocentes son, a modo de ver, sus mejores logros. A continuación os presento dos escenas que a buen seguro recordaréis con agrado.

Blanco Nocturno

Ricardo Piglia ha escrito una novela en la que un comisario debe descubrir al autor de un asesinato. Así pues, nos encontramos ante un clásico ejemplo de género negro. Pero no, hay algo más; de hecho, hay mucho más. Blanco nocturno despliega varios niveles literarios y, en efecto, la investigación policial, los posibles sospechosos, el entorno de la víctima, la intriga empresarial que nos conduce a un “borroso” leit motiv, son aspectos importantes, pero no decisivos. El ambiente rural de una Argentina profunda, asfixiante, hermética, distante de la urbe, con personajes de rasgos muy acentuados, de esos que se quedan contigo nada más cerrar el libro, serían, a mi modo de ver, los aspectos más notables y originales de la obra. La tensión no se genera a medida que avanzan la pesquisas, no es gradual, sino estable, una tensión narrativa basada en lo que se dice y en lo que se silencia, en los escenarios, las descripciones y reflexiones de los personajes. He leído esta novela con agrado, pero sin entusiasmo. Piglia es un maestro de la narrativa y cada palabra está calculada a conciencia. Además, todo lo que se relaciona con Argentina desprende en mi una atracción de la que es difícil resistirse.