Pedro Asensio

literatura

LA DISTANCIA DE LA CONVERSACIÓN

Releo pasajes sueltos de “Prosas apátridas”, de Julio Ramón Ribeyro (Seix Barral, 2007), un inclasificable de obligada lectura.
Prosas-apátridas“Distancia: a doscientos metros no podemos saber si una mujer es bella. A unos centímetros todas son iguales. La percepción de la belleza necesita cierto margen espacial, que varía no sólo de acuerdo al observador, sino también de acuerdo al objeto observado. Entre nosotros decíamos sobre algunas mujeres, utilizando una expresión ya convenida, <<tiene buen lejos>>, pues a cierta distancia parecía guapa, pero apenas se acercaba no lo era. Otras en cambio tienen <<buen cerca>>, pero al alejarse notamos que son desproporcionadas o flacas o con las piernas torcidas. ¿Qué distancia debe servirnos de patrón para dar un veredicto estético sobre una persona? Un amigo, a quien hice esta consulta, me respondió: <<La distancia de la conversación>>”. 

La quietud

Entro en la librería, me dirijo hacia la mesa de novedades, selecciono alguna que otra novela y leo su comienzo. Escojo al azar varias páginas de su interior y continúo ojeando. Quiero comprobar que el estilo, esa personalísima combinación “musical” (sí, he escrito bien) de melodía y armonía narrativa me convence. ¡Estupendo! Me convence. Y ahora me formulo dos preguntas: ¿He leído algo de este autor? Negativo ¿De qué va esta novela? Veamos la sinopsis de la contraportada. Mmm… Parece que promete. La compro. Así es como llego a Ignacio Ferrando y La quietud (Tusquets, 2017).
9788490663912Héctor es un arquitecto y profesor de universidad que vive una apasionada historia de amor con una alumna, Ann, 16 años menor. Un día recibe una llamada de teléfono que desencadena un punto de inflexión en su aparente y placentera “nueva vida de hombre cuarentón en proceso de divorcio”. Su todavía esposa, Julia, le informa que han llamado de la agencia que gestiona las adopciones, para confirmarle que, por fin, le han asignado un niño. Estupor. Conmoción. Inquietud. Un asunto que había olvidado. “Se llama Dimitri, aunque todos lo llaman Dima. Está en una institución de Chitá, en Siberia Oriental, a dieciséis mil trescientos doce kilómetros de aquí”. La primera reacción de Héctor será de rechazo. Pero Julia intentará convencerlo: “Tú pondrás los límites. Yo me encargaré de sus necesidades. De todo. Sabes que no puedo adoptar sola, que no hay un solo país del mundo donde eso se pueda hacer con garantías”.
Uf, ¿y ahora qué?
Confieso que siento una especial predilección por las novelas que desde su inicio plantean un dilema moral. La quietud, además, introduce un factor de intriga aderezado con los clásicos ingredientes que suelen acompañar a ese subgénero (podríamos catalogar) de obras sobre “crisis de pareja”, a saber: cuestionamiento del matrimonio, proceso de separación, el desamor como deconstrucción vital, la enfermedad de la rutina (inevitable recordar a Juan Bonilla y su “tarde o temprano a la rutina se le cae la t”), los hijos y la responsabilidad de los padres, la frustración, el sexo, las expectativas, etcétera, etcétera, etcétera.
Buena parte de esta clase de novelas se basan en proyectar el curso de la acción hacia un final que no podemos aventurar con certeza, pero que se nos antoja previsible. En este caso, uno no termina de ver la luz al final del túnel, aunque habrá otros, no digo que no, que divisarán futuros esperanzadores. “La vida son cuatro días y yo por el tercero voy”, que diría Carlos Goñi en una de sus más celebradas canciones, ¿no? Pues eso pensará el protagonista y narrador, quien parece quedar atrapado en un dicotómico monólogo interior donde existen dos fuerzas, por una parte, Julia y la posible llegada de un hijo como elemento estabilizador (o todo lo contrario); por otra parte,  el recuerdo jovial de Ann, una suerte de renacimiento con sus pertinentes dosis de erotismo. Y como factor persistente, la duda. Y como escenario, Rusia, ciudades siberianas deprimentes e impersonales, ancladas en en el caos de la planificación comunista, siempre bajo cero, con un gélido ambiente que se contagia al corazón de los protagonistas. Y de ahí, inevitablemente, al lector. La novela, lejos de concentrarse en una sesuda exposición del dilema en el que Héctor se halla inmerso, no abandona en ningún momento vivencias y sucesos que le confieren un aire muy activo y hasta cinematográfico. La trama, los perfiles psicológicos de sus personajes, la recreación de los ambientes, mostrándonos ese ignoto mundo de adopciones, todo, en suma, nos depara una obra literaria altamente satiuntitledsfactoria. En su página de facebook, Ignacio Ferrando ha declarado que “aunque la intención primera del libro nunca fue la de visualizar este problema, es un efecto colateral que agradezco”. Y coincido. Porque, si bien el asunto de la adopción mantiene un decisivo eje lineal, el autor no deja de abordar otros muchos aspectos que solo  una pequeña porción de las mesas de novedades puede ofrecer.
“La quietud” es una lograda y muy recomendable novela, cimentada sobre un impecable y atractivo argumento, de extraordinaria fluidez, sin apenas desfallecimientos o fisuras que pudieran malograr las expectativas despositadas inicialmente. He aquí un descubrimiento. Tirando de tópico, tendría que terminar con algo parecido a “habrá que seguir atentamente la trayectoria  de este prometedor autor”. Pero Ferrando, ni es prometedor (que ya tiene un importante bagaje profesional) ni yo soy muy amigo de tópicos. Anoten pues: Ignacio Ferrando y La quietud.

 

Cicatriz

Durante esta Feria del Libro de Almería había prometido reseñar algunas de mis últimas lecturas; han pasado los días y yo 13178962_1028870707148568_2801109767826658511_ncon la tarea pendiente. En fin, no importa. ¡Que siga la feria!
Cicatriz es una novela que muestra la insólita relación que surge entre una mujer y un enigmático sujeto llamado Knut, al que llega a conocer a través de un chat de internet. ¿Amor? ¿Vanidad? ¿Extravagancia? ¿Transgresión? Pues no sabría deciros… Lo cierto es que nuestra protagonista, Sonia, no puede evitar una inquietante sensación de curiosidad mezclada con satisfacción al comprobar cómo se sitúa en el centro de atención de un tipo complejo, petulante y extremadamente inteligente que es capaz de robar para ella, solo para ella, y sin pedir, en principio, nada a cambio. Empieza por libros, luego pasa a perfumes, ropa interior, calzado, etcétera. ¿Seguro que no pide nada a cambio?, os preguntaréis. En realidad, Knut cree que la destinataria de sus regalos podría ser una gran escritora. Por eso, convencida de su talento, le invita a que abandone su trabajo y escriba, escriba mucho. No debe preocuparse de los aspectos económicos, que para eso ya está él, con su habilidad y osadía para proporcionarle lo que haga falta y sin riesgo alguno. Cicatriz, novela de Sara Mesa (Madrid, 1976) y uno de los últimos éxitos/aciertos de la editorial Anagrama, no presenta un argumento sencillo, ni falta que le hace. La Literatura existe para ampliar el punto de mira y las experiencias vitales hacia otros mundos que no se encuentran a nuestro alcance. Bueno, ejem, no se encuentran porque no queremos…

Departamento de especulaciones

Imaginemos a una escritora que va anotando de forma fragmentada diversas reflexiones, sueños, ilusiones o temores vitales que rondan por su cabeza. Así es como Jenny Offil (Massachusetts, 1968) construye su segunda novela “Departamento de Especulaciones” (Libros del Asteroide). “ Mi plan consistía en no casarme nunca”, confiesa la protagonista en las primeras páginas. Pero conforme avanzamos en la lectura, descubrimos que los propósitos de juventud no siempre se cumplen. Nuestra protagonista se casa con un hombre, al parecer “bueno y guapo”, tienen una hija que apenas la deja dormir, sufre insomnio, sobrevive a una invasión de chinches en su apartamento de Brooklyn, reconoce cierta inadaptación en sus clases de yoga, explica cómo evolucion9788416213641_24a el insufrible libro que prepara por encargo o disfruta de los placeres que le regala la maternidad, entre otros detalles más o menos sustanciales. “Hay una foto mía de bebé con mi madre. Me lleva en brazos y tiene una expresión irreprimible en el rostro. Durante muchos años me hizo sentir vergüenza. Pero ahora hay una foto mía con la niña en brazos en la que tengo exactamente el mismo aspecto”. La novela atraviesa un punto de inflexión cuando la esposa descubre que el marido mantiene una relación con una joven pelirroja (“el mismo color del que solía teñirme el pelo”, confiesa desolada). A partir de ese momento, la narración de la protagonista abandona la perspectiva de la primera persona, como si la introspección inicial se transformara en un punto de vista objetivo, aunque también fragmentado, de sus vicisitudes matrimoniales: el distanciamiento de la tercera persona como recurso literario para aliviar el sufrimiento causado por la infidelidad de ese marido bueno y guapo, supongo. “Departamento de Especulaciones” me ha parecido una novela con una estructura original y bastante entretenida. Conserva un ritmo sostenido y se lee rápido, la verdad. Su mayor acierto quizá sea, no solo lo que cuenta y cómo lo cuenta, sino lo que desconocemos (pero intuimos o imaginamos) de ese puzzle incompleto que conforma la vida conyugal de su protagonista.

Palabra de Sal

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Ahora que se aproxima la Feria del Libro de Almería, aprovecharé estos días tan propicios para reseñar muy brevemente algunas de mis últimas lecturas. Empezaré por “Palabra de Sal” (Tropo Editores), una bellísima novela que recrea el mundo rural de una niña que vive en un cortijo, alejada de su pueblo. Los hechos transcurren a finales del siglo XX, una época reciente, a pesar de que el ambiente, las costumbres y las tareas cotidianas narradas por su protagonista nos transportan a ese espacio atemporal que caracteriza las historias de campo bien narradas. Decía Delibes que toda novela ha de contar, al menos, con un personaje, un territorio y una pasión. En “Palabra de Sal”, el territorio, descrito con tanta sutileza y precisión, adquiere tal fuerza, que su presencia irrumpe como si de otro protagonista se tratara. He descubierto a esta autora gracias a un artículo del escritor José María Pérez Zúñiga. Empezaba diciendo lo siguiente: “Mónica Collado Cañas (Granada, 1980) ha escrito una novela memorable…”. Con esas palabras entenderéis cómo y por qué surgió mi interés por esta autora y su primera novela. Después de haber leído “Palabra de Sal”, ganadora del XIX Premio Vargas Llosa otorgado por la Universidad de Murcia, solo me queda confirmar el calificativo de “memorable”. No es ésta una novela pensada para lectores apresurados en busca de acciones trepidantes. “Palabra de Sal”, novela destinada a quienes deseen apreciar literatura de alto voltaje a través de una prosa cuidada con esmero y elegancia, es una novela que inspira sosiego y templanza, feliz pero también triste; una obra, en fin, que nos permitirá disfrutar de la entrañable sensibilidad de una mujer inteligente, capaz de discernir que el mundo de su infancia está a punto de morir para revivir eternamente en su memoria.

PINBALL 1973, MURAKAMI, RAFAEL NARBONA Y EL CULTURAL

Transcribiré de forma resumida la reseña de Rafael Narbona publicada en El Cultural de esta semana:

urlMurakami era el propietario de un bar de jazz. Servir copas mientras sonaban Miles Davis o David Brubeck le parecía infinitamente mejor que trabajar en una oficina. Un día se encontraba viendo un partido de beibol de los Yakult Swallows, un equipo pobre y sin estrellas. David Hilton, un bateador norteamericano, esbelto y desconocido, propinó un bonito y sonoro golpe a la pelota, logrando avanzar hasta la segunda base. El escaso público apaludió y Murakami pensó: “Sí. Quizá también yo pudiera convertirme en novelista”.

Al finalizar el partido, Murakami viajó en tren hasta Shinjuku, compró papel de escribir y una pluma estilográfica. Escribía de noche y poco antes del amanecer, pues el bar ocupaba el resto de su tiempo. Necesitó medio año para elaborar Escucha la canción del viento, una novela breve que ya contiene las líneas maestras de su mundo narrativo. Cuando leyó el manuscrito, descubrió que el resultado era insatisfactorio. Abandonó la pluma, que la había inspirado una sensación de fescor y aventura, y cambió de idioma. Al no dominar el inglés, sus frases eran breves y algo esquemáticas, pero no había nada superfluo o afectado. No le pareció suficiente. Recuperó la estilográfica, tradujo el texto inglés al japonés (o mejor dicho, hizo un “transplante”), y envió el original a un certamen para escritores noveles. Logró clasificarse entre los cinco finalistas. Poco después, se topó en la calle con una paloma herida. Compadecido, la recogió para curarla y experimentó una nueva “epifanía”. Ganaría el concurso, sería escritor y encadenaría un libro tras otro.

He aquí una muestra de por qué me gusta tanto El Cultural. Resulta imposible que pueda leer todos los libros que aparecen en esta revista semanal, pero disfruto mucho con los artículos, reportajes y algunas entrevistas publicadas. En este caso, y tras leer atentamente la reseña de Rafael Narbona, puedo afirmar que Pinball 1973,  la segunda novela de Haruki Murakami, será una de las próximas.

Últimas lecturas

UN CIRun-circo-pasa-1CO PASA.     Dejarse llevar por la literatura de Patrick Modiano representa una especie de relajación, un estado mental en el que predomina el sosiego, la mirada hacia un mar en calma, la caricia de una brisa apenas perceptible. Parece que no pasa nada, y lo que pasa ya lo has vivido, pero de otra forma… Pero no; sí que pasa. Me siento incapaz de explicar qué ocurre con Patrick (solo me falta tutearle) el último Premio Nobel. Hay un algo magnético que te impide abandonar su lectura.

OSO.    Dicen que la novela de moda de la editorial ImpedimentaEl-oso constituye un claro exponente del ecofeminismo narrativo, subgénero que no sé si existe pero que “posturea” bien en los suplementos culturales y en los ambientes de tendencias de “rabiosa actualidad”. Absténganse los adictos a las sombras de Grey, forofos de Prety Woman y buscadores de emociones sexuales intensas. Total, es (a grandes rasgos) la historia de una mujer, un oso (su lengua) y una isla desierta de Canadá, bella, bella, bella.

urlLA BICICLETA DE SUMJI.    Nunca decepciona. Me refiero a Amos Oz, un escritor muy inteligente y agradabilísimo. La sencillez no solo no está reñida con la belleza. La sencillez fundamenta la belleza literaria. Con este hombre, la vida es bella y además, necesaria, todo lo contrario que en Amarillo (léase el siguiente párrafo). Si te gusta leer, vivir sin Amos Oz sería un error imperdonable.

AMARILLO.    ¿Qué se esconde detrás de un suicidio? Felix Romeo pretende biografiar a su9788486702847 amigo, un joven de su barrio, aspirante a escritor, quien un fatídico día decide aplastar su vida lanzándose al vacío desde el balcón de un piso de alquiler, en Barcelona, allá por los años noventa. Creo que Romeo pretende curarse de una de las peores enfermedades que existen: la tristeza causada por la estupidez. No sé si lo consigue. A mí me ha transmitido una desazón tremenda, y, aún así, no he podido dejar de leer esta inquietante miscelánea.

Nueva editorial y tercera novela

editorial-verbum-s-l-Ya queda menos para el lanzamiento de mi próxima novela “Los años de la señorita Celia”. En esta ocasión, cambio de género o estilo y también de editorial. Dejo atrás la narrativa sobre economía para adentrarme en el terreno de la novela histórica, o historia novelada, o novela inspirada en hechos reales, o… ¡qué más da! Han sido casi tres años de investigación, estudio, lecturas y, sobre todo, mucho escribir y reescribir; un proceso a fuego lento, como a mí me gusta. No diré aquello de “espero que el esfuerzo haya valido la pena”, porque en mi fuero interno, y con independencia de los resultados que vayan a producirse, ya me siento satisfecho. He recorrido un largo camino y el final del viaje ha llegado a su fin. Ahora es el momento de los lectores. Por supuesto, deseo que la novela tenga una buena aceptación. Pronto lo sabremos. Puedo adelantar que en sus páginas aparecen personajes reales, como Celia Viñas o Jesús de Perceval.

Publico en otro sello editorial: Verbum, una empresa de Madrid con un catálogo literario notable, más de 30 años de experiencia y una modesta visibilidad en las principales librerías, que ya es mucho para los tiempos que corren. Me dice el editor que la obra ya se encuentra en imprenta, así pues, en dos o tres semanas se iniciará el proceso de distribución y  “Los años de la señorita Celia” aterrizará en las mesas de novedades. También se ha previsto una presentación oficial en la Feria del Libro de Almería, que se celebrará entre el 19 y el 23 de noviembre. Pero habrá otras muchas oportunidades de compartir con todos vosotros las vivencias de aquella memorable Almería Indaliana. Os mantendré informados.

Memoria de la excursión al Marruecos Español

Rueda de Prensa

Acompañado por la delegada de Cultura de la Junta y la archivera provincial

Este miércoles, 7 de mayo, tuve la oportunidad de presentar en el Archivo Histórico Provincial el documento del mes. Esta iniciativa surge con el propósito de divulgar y fomentar el conocimiento de los fondos existentes en el Archivo, y consiste en mostrar a la opinión pública, de una forma abierta (y sin necesidad de solicitar el expediente concreto), algún documento que, dado su singularidad o importancia, ayude a conocer mejor algún periodo de la historia de Almería. A continuación transcribo un resumen de mi intervención

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excursión

Portada de la Memoria del alumno Dionisio Castillo

alumnosMarruecos

Estudiantes y profesores del Instituto de Bachillerato de Almería

La Memoria de la Excursión al Marruecos Español, escrita por Dionisio Castillo, un estudiante de bachillerato en julio de 1946, constituye un valiosísimo testimonio documental sobre una de las actividades extraacadémicas más singulares y sorprendentes desarrolladas por el Instituto de Almería, en aquellos difíciles y azarosos años cuarenta.  En efecto, si España se sobreponía a duras penas a las tremendas limitaciones de la posguerra, en Almería, la superación de las dificultades para subsistir eran aún mayores. La vida de una gran parte de la población almeriense estaba marcada por la miseria, el hambre y la desolación. Conviene recordar que tres años antes de la excursión, justo cuando el General Franco visitaba la provincia por primera vez, se aprobaba el Decreto de Adopción, un texto legal que reconocía la trágica singularidad de una de las ciudades más pobres y necesitadas de toda España.   En aquella Almería de 70.000 habitantes, era muy habitual que los niños y adolescentes que lograban finalizar los estudios en la escuela primaria se incorporaran, en calidad de aprendices, a un precario y mal remunerado mercado laboral; las chicas, por otra parte, se dedicaban a las faenas de su propio hogar o, todo lo más, como asistentes en otras viviendas o iniciándose como modistas en una academia de corte y confección. Para quienes decidían (y podían permitirse) seguir estudiando, Almería disponía de varios centros educativos, como el ya citado Instituto de Bachillerato, la Escuela de Artes y Oficios, algunos colegios religiosos (La Salle, Diocesano), la Escuela Normal de Magisterio y la Escuela de Comercio.   El Instituto de Bachillerato, único en toda la provincia, se ubicaba en el antiguo

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La expedición, antes de partir en autobús.

convento de los Dominicos (actual Escuela de Artes), anexo a la Patrona por entonces, una de tantas iglesias en proceso de restauración tras la devastación perpetrada por insurgentes bandas de milicianos, en el verano del 36. En el curso 1945-46, el centro contaba con 1.505 alumnos en sus siete cursos de bachillerato. Por sus aulas impartían clase personajes tan señalados en la historia de esta ciudad como la catedrática de Lengua y Literatura, Celia Viñas (jefa de estudios desde finales de 1944); el catedrático de Ciencias Naturales, Ignacio Cubillas; el director espiritual, posteriormente vicario de la diócesis, don Andrés Pérez Molina; o el director y catedrático de Matemáticas, don Francisco Sainz Sanz.   Organizar una expedición como la que se expone en esta memoria no debía de resultar una tarea sencilla para el claustro de profesores. Muy pocos eran los alumnos que podían permitirse el lujo de salir de viaje cuando a sus familias apenas les llegaba para comprar material escolar, calzarse unos zapatos o incluso cenar. Y aun disponiendo de recursos económicos, en aquel año 46, no todos los estudiantes podían inscribirse en esos viajes, conocidos como “Premio José Antonio” y cuya existencia se debe al gobernador Manuel García del Olmo, que los instauró conocasión de la feria del libro de 1944. Estas expediciones de fin de curso nacieron con el propósito de recompensar a los alumnos de 5º, 6º y 7º cuya nota media superara los nueve puntos. El Gobierno Civil colaboraba económicamente, a la vez que ayudaba a tramitar los permisos y visados, sobre todo en los casos como el que nos ocupa, donde los desplazamientos por el norte de Marruecos, en un territorio que, stricto sensu, no formaba parte del Estado Español, resultaban complejos de programar. El primer viaje de estudios, en 1944, se desarrolló por diferentes provincias de Andalucía; al año siguiente, se visitó Madrid y otras ciudades de Castilla, como Ávila, Salamanca y Toledo; en 1946, el Protectorado Español; en 1947, el Norte de España y en 1948, Levante y Baleares. A partir de ese curso, y durante dos años, se suspendieron los viajes por razones económicas. Sería precisamente Celia Viñas quien, con la inestimable ayuda del director, Francisco Sainz Sanz, lograría convencer al  gobernador de entonces, Urbina Carrera, para que esos viajes, subvencionados en parte por la Administración del Estado, se ampliaran a todo el alumnado, y no solo a quienes obtenían unas calificaciones excepcionales.   El viaje por el Protectorado Español no debió de ser fácil de planificar, insistimos en ello. Desde los despachos de la calle de Arapiles, los funcionarios contactaban con los Gobiernos Civiles
de las capitales por las que habría de pasar la expedición, con el propósito de facilitar las estancias, excursiones, entradas a lugares turísticos de interés y, con suerte, alguna que otra comida de carácter entre institucional y lúdico. En este viaje de 1946, la complejidad logística residía en obtener los visados por parte del Alto Comisariado, máximaautoridad administrativa del Protectorado Español. Recordemos que el régimen jurídico del Marruecos español se remonta al Real Decreto de 1913, por el que España asentaba una administración dual, compartida con la marroquí, al  frente de la cual existía un delegado del Sultán, el Jaliva, y el Alto Comisariado. La división territorial delceliaymadre Norte de Marruecos se estableció en cinco regiones cuyas capitales eran Larache, Tetuán, Xauen, Villa Alhucemas y Nador.   La expedición salió de Almería un lunes,  15 de julio, y llegó  a Málaga por la tarde, en un viaje de más de ocho horas, que transcurría por la sinuosa y angosta carretera de la costa Mediterránea. En la primera jornada, los estudiantes y profesores visitaron la Alcazaba y al día siguiente, la Finca de la Concepción y su jardín botánico, Gibralfaro, Torremolinos, la Catedral y el acuario. El miércoles, tras hacer una breve escala en Marbella y San Roque, llegaron a Algeciras, donde embarcaron en el navío Ciudad de Ceuta. La travesía duró hora y media. “El mar estaba tranquilo, Dios estaba con nosotros”, confesaba el alumno en su entrañable narración. Al llegar a Ceuta tomaron un tren que los condujo hasta Tetuán. “La Delegación de Cultura del Comisariado Español es una auténtica maravilla. El delegado de cultura era el coronel de Miguel, que nos atendió amablemente”. Aquí se constata que gran parte de la logística del viaje cuenta con el apoyo institucional que le prestan las autoridades gubernativas, fundamentalmente militares.  Desde la bella ciudad de Tetuán emprendieron cada día diversas excursiones a Larache, Arcila y Xauen. “Larache es un país bonito, su plaza de España, su entrada hermoseada con las flores de la achillea; el murmullo de las olas atlánticas la diferencia de las tierras orientales. El puerto está situado en la desembocadura del Lucus y es frecuentado por pequeños barcos”, describe con naturalidad y precisión el bachiller. En Xauen visitan una fábrica de alfombras y en Retama (Región de Alcazarquivir)  descubren un sanatorio africano donde veraneaban personas de diversas nacionalidades. En Villa Sanjurjo conocen la residencia del coronel Sánchez Pérez, otro de los anfitriones de la expedición. En la ciudadtetuán española de Melilla, última escala del viaje por el norte de África, recorren las minas del Rif y se acercan hasta la vecina Villa de Nador, donde almuerzan con el coronel Bocina en el Club Náutico. El 27 de julio, sábado, embarcan en el legendario Vicente Pujol para surcar el Mediterráneo y atracar en el puerto de Málaga. Desde esta ciudad iniciarán el viaje de regreso. El autobús llegará al Paseo de Almería dos semanas después, un domingo del caluroso verano de 1946.   El trabajo de este alumno, Dionisio Castillo, ofrece una presentación muy cuidada, con encuadernación de tapas duras o cartoné y escrita con una esmerada caligrafía. A lo largo de sus páginas se insertan fotografías que contribuyen a ilustrar los diferentes pasajes y jornadas de la expedición almeriense. Destaca el buen nivel de la redacción, correcto en la sintaxis y con un estilo cuidado y rico en detalles, lo que acredita el alto nivel académico de estos aventajados  alumnos de bachillerato.

Los cipreses creen en Dios

Me llaman la atención todas esas novelas que obtuvieron un gran éxito en los años cuarenta y cincuenta del sigloLoscipreses pasado. Algunas forman parte del canon literario de la excelencia (La familia de Pascual Duarte, Nada, El camino…), otras obras, a pesar de sus millones de lectores, quedan desterradas a un segundo plano en la Historia de la Literatura Española. Por si acaso, y siempre desde la humildad y el respeto que profeso a quienes se atreven a fijar un ranking, prefiero establecer mi propio criterio.

Estos días estoy disfrutando con la lectura de “Los cipreses creen en Dios”. Su autor, José María Gironella (Darnius, Gerona, 1917; Arenys de Mar, Barcelona, 2003), había ganado el Premio Nadal 1946 con “Un hombre”, y a continuación publicó “La marea”. Ambas novelas resultaron un absoluto fracaso de ventas. Gironella decidió marcharse a París, donde trabajó durante tres intensos años en el proyecto que le catapultaría hacia el éxito total. Volvió a España con su manuscrito recién acabado, en busca de editorial. Sin embargo, los inicios no fueron nada prometedores. Deambuló por Barcelona con sus más de 900 folios. “¿De qué se trata?”, le preguntaban los editores. “Intento explicar al mundo por qué España se dividió en dos y llegó la Guerra Civil”.  Nadie se atrevía con aquello. Totalmente decepcionado y triste, viajó a Madrid y consiguió un contrato con un editor de Biblioteca Nueva. Le pagó 3.000 pesetas por adelantado, pero a los pocos días le telefoneó, arrepentido. “Mire… que no, que lo hemos pensado mejor y no nos interesa publicar su libro, ¿usted podría devolvernos el dinero?”. Invadido por un absoluto abatimiento, hizo un último intento y se fue al Café fotoGironellaGijón. Allí, como siempre, se encontraba César González Ruano. “Estoy desesperado, ¿tú no sabrías de alguien?, le preguntó. El célebre periodista y escritor, con su habitual flema, le respondió: “Hay un extraño ser recién llegado de Andalucía que dice llamarse Lara y que a lo mejor pica”. Gironella se entrevistó con el fundador de Planeta y este “picó”. Dicen que fue María Teresa Bosch la que, entusiasmada por la lectura de las más de 900 páginas, animó a su marido para que publicara “Los cipreses creen en Dios”, novela que, a la postre, significaría uno de los grandes éxitos de aquella incipiente empresa editorial.

Recordaba uno de los personajes de Andres Trapiello en “Ayer no más” que para contar lo que sucede, no sirve la Historia, solo la novela puede hacer algo por la verdad. “Hemos convertido los libros de Historia en una ficción y ahora hemos de recurrir a la ficción para contar historia. No deja de ser una paradoja”. Pues no es mala idea, ¿verdad? Si uno quiere aproximarse a los años de la II República; si uno, como decía el bueno de José María Gironella, desea entender por qué España se dividió en dos, hay que empezar leyendo la trilogía compuesta por “Los cipreses creen en Dios”, “Un millón de muertos” y “Ha estallado la paz”. Después habrá que leer la versión de Arturo Barea, “La forja de un rebelde”, y muchas novelas más. Es posible que así podamos entender mejor lo que nos cuentan (o no nos cuentan) los libros de Historia.

Post scriptum.  Gironella devolvió las 3.000 pesetas.